El sueño

Un inmenso aire oprime mi pecho, llega a mi garganta, que parece ser ensanchada; saciados ambos, una extraña sensibilidad viene a mis labios y ojos. Veo anhelante tu perfil. Por encima de mi orgullo pervive la razón; devastada por la terrible experiencia del desconocimiento. Mi desasosiego se promulga por cada recoveco de mi desgraciado ser, y entre hueso y carne nace sorprendente la luminosidad al encontrarse nuestros luceros en un silencio bendito. Mi pecho, acongojado por el sufrimiento, requiere liberarse del yugo; mis ojos te suplican una fuga de su cárcel racional, ¿y tú qué haces? Volteas la cabeza dos veces, me contemplas, pero para mi pesar no avanzas.

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