Insignificante

Aquí me hallo, con mis mejillas apoyadas sutilmente en la palma de mis frágiles manos. No esperen que derrame penas sobre esta yerma y árida tierra. Mi voz ronca se ha quedado muda; ya no hay quien logre entenderla. Mi alma vocifera trémula y sin ser oída; ya no desea ser de nuevo ultrajada. Mi dulce e inocente ánima no anhela las condolencias; tampoco la compasión efímera.

No pierdas tiempo; es una acción innecesaria. Es mejor que ahorres tus lágrimas para apaciguar tus demonios; arroja el líquido sobre su ira. Son tu temor real hacia la negra mancha de tu alma, no yo.

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