Reflexiones IV

Como cada día, hoy tengo algo que contar sobre la vida. Debo intentar plasmar a conciencia un simple pensamiento, surgido del choque entre dos sentimientos opuestos; justo en el momento en el que una buena etapa concluye para dar paso a una mala. Y es difícil, ya lo creo que lo es, pero aquí estoy de nuevo intentándolo. Progresando en un estúpido crecimiento del que solo sacaré las cenizas que un día recrearon fuego.
Así que he pensado en el progreso de una vida sin sonrisas y en el lento discurrir del tiempo cuando este pesa sobre tus hombros. He necesitado no inmutarme del paso de los días. He divagado sobre todas estas cosas inútiles e incoherentes, he tenido en cuenta los detalles más absurdos; el recorrido que una comisura lleva a cabo a lo largo de una mejilla y el eterno recuerdo que deja una buena carcajada entre las costillas. Y he tomado una decisión: todo es pasajero.
También he averiguado que se declara a sí misma neutral; es atea en una lucha entre diferentes filosofías. Proclama en cada oído, que puebla el mundo, que es fiel lacaya del autismo. Se define como momentos que nos embargan a todos, y en cada uno atesora diversos colores de su carácter. Tonalidades dispersas en la regla de colores que rige el mundo porque nunca has sabido de antemano de qué color sería el siguiente día. No puedes vaticinar nada porque la vida es un misterio no resuelto. Su carácter confunde al que ha tratado durante años de cogerla de la mano para sincronizar su camino, e incluso al que ha escupido blasfemias en su cara. Lo único que está claro es que al final hay que comparecer ante ella para que nos encauce en nuestra travesía cuando una época mala concluye para dar paso a una buena.
Por ende concluyo-a medias porque todo es inconcluso- que nunca hemos podido adivinar qué será de nosotros en el mañana. Si viviremos o moriremos, si soñaremos o caeremos en la locura; y si lejos de la batalla habrá tiempo suficiente para poder lamer nuestras heridas o estas terminarán por matarnos por dentro. Para saberlo, hemos de esperar a ese choque entre la alegría y la tristeza, a esa mera alternancia caótica de dos sentimientos.

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